Mitos y verdades de los cigarros electrónicos

Bien. Hemos decidido (otra vez) dejar de fumar. Pero… Es que la adicción es muy fuerte, los parches, pringosos, los chicles poseen es inconfundible bouquet de corcho envejecido, por más que nos digan que saben a fresa o a menta, y los remedios naturales, en el mejor de los casos, no funcionan como a nosotros nos gustaría.

No nos vemos capaces de dejar el hábito y recaemos, con todo lo que conlleva de fumar más de lo que lo hacíamos, de que nuestra autoestima se queda por los suelos, de que… ¡Un momento! ¡No es tabaco! Eso que nos hemos llevado a los labios y que recuerda en su forma y su textura a un cigarrillo, lo es, pero… Descubrimos que se trata de un cigarro electrónico. ¿Qué hay de verdad y qué de mito en todo cuanto hemos oído sobre este sustitutivo del tabaco? Entre calada y calada, seguimos leyendo:

Algunos mitos de los cigarros electrónicos

Para empezar, una mentira descomunal: hace un par de años se difundió el rumor de que el propilenglicol, usado para que el vapor de agua que expulsa el cigarrillo se asemeje más al humo, era cancerígeno… ¡Falso! Cualquier agencia sanitaria del mundo lo aprueba para el uso humano en múltiples funciones.

Por otra parte, no hace mucho, circulaba el rumor de que los cigarros electrónicos se venden a menores, lo que es imposible, habida cuenta de que sirven para sustituir al tabaco, luego ambos productos sólo se pueden servir a mayores de edad. También se dice que el sabor que tienen es agradable para atraer al público juvenil, algo que se responde con el argumento anterior.

Seguimos adelante hablando de una media verdad, que es la que dice que los cigarros electrónicos son muy caros… ¿Caros? ¿Comparados con qué? Una vez adquirido el hábito, el gasto medio viene siendo de unos treinta y cinco o cuarenta euros mensuales. Si usted se gasta menos en tabaco es que seguramente no necesita ni un tipo ni otro de cigarro.

Son mucho menos perjudiciales

Otra de las enormes mentiras —que uno se cree sólo si está dispuesto a hacerlo, pero que desmontará con apenas cinco minutos de búsqueda por Internet— es que nadie sabe qué llevan estos productos. Pues bien, los fabricantes y los laboratorios independientes contratados por particulares y asociaciones de fumadores están de acuerdo que llevan agua, propilenglicol (¿le suena el nombre?), saborizantes alimenticios y algo de nicotina…

Los cigarros electrónicos no son medicinales, pero tampoco son tan nocivos como el cigarrillo tradicional. Este último tiene más de cuatro mil sustancias, de las que un buen porcentaje son adictivas, otras cancerígenas y otras tantas ambas cosas. La nicotina, de hecho, es una de las menos adictivas de cuanto lleva ese tubito asesino que tiene humeando en el cenicero, justo a su lado.

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